
Cuentos, ensayos, debrayes y pendejadas
lunes, 16 de junio de 2008
Relatos del insomnio

martes, 13 de mayo de 2008
Los mitos de Cthulhu

Por: Ricardo E. Tatto
Aunque los mitos de Cthulhu están inscritos en la ciencia ficción, la narrativa onírica y la fantasía literaria, pertenecen al tronco tradicional del cuento de miedo de procedencia anglosajona.
Antes de la aparición de los mitos, en el siglo XVIII la creencia en lo sobrenatural había sido abolida por el racionalismo, al igual que otras quimeras anteriores, por lo que la literatura de muertos que regresan de la tumba y los relatos fantasmagóricos habían perdido su fuerza como provocadores de emociones fuertes en el lector.
Sin embargo, la razón pura esgrimida por el racionalismo olvidó que la memoria –y los instintos-, son esquemas emocionales y de comportamiento que por su utilidad para el individuo o el hombre, han sido interiorizados en forma de reflejos, vaya, se automatizaron a favor de la supervivencia de la especie.
Por lo tanto, dichos sentimientos quedaron fuera del terreno de la razón y se sublimaron al espacio del subconsciente, permaneciendo de manera latente ante cualquier amenaza –real o ficticia-.
Entonces, el escritor de terror posterior al siglo XVIII, inscrito en la corriente del romanticismo, tenía que justificar a sus criaturas con argumentos científicos que fueran si no creíbles, al menos verosímiles. Un ejemplo de ello lo encontramos en el mito del prometeo moderno, Frankenstein de Mary Shelley, cuya creación se debe estrictamente a la ciencia y por lo tanto, constituye una negación del muerto viviente producto de causas sobrenaturales.
Durante el siglo XIX, la literatura de miedo se mantuvo por esos cauces de explicaciones pseudorracionales o de argucias místicas, tratando de sorprender al lector por medio del terror psicológico, como en los cuentos de Edgar Allan Poe, que se valían de la angustia interna y las emociones producidas por los fenómenos desconocidos de las ciencias metafísicas para provocar reacciones emocionales en sus lectores.
No obstante, llegó un punto en que ni estos recursos literarios fueron suficientes para lograr el efecto deseado –el miedo-, por lo que el cuento de terror tuvo que sufrir otro cambio, una mutación –más no evolución-, en sus maneras de causar escalofríos en el hombre moderno.
Un precursor de estos cambios fue el escritor galés casi desconocido Arthur Machen, al percatarse de que el público aún sentía la necesidad de asustarse, pero mediante los terrores ancestrales y desconocidos en el alma humana. Y es que en el siglo XIX, el racionalismo enfrenta un debilitamiento como producto de nuevas filosofías y formas de pensamiento.

Por un lado, Marx enseña que las capas sociales burguesas flotan precariamente sobre un mar embravecido que las ha de destruir; por otro, Freud hace ver que la razón no es más que la última capa evolutiva de la conciencia y que bajo ella habitan terrores innombrables.
Lukács nos dice que la crisis del racionalismo filosófico, social y cultural, es, en el fondo, una ampliación del racionalismo, porque lo que muere es sólo una forma caduca de la razón.[1] Es decir, el racionalismo engendró el interés por lo irracional, por lo que más que un avance evolutivo, constituye una retrospección involutiva en los intereses literarios, al menos en lo que respecta a la ficción de terror.
Todo esto se vio reflejado en la estética del arte, que reflejando ésta crisis, provocó que los pintores, músicos, poetas y novelistas se apartaran de los cánones académicos y voltearan hacia los submundos reprimidos de los cuales hicieron universos de ficción deseados u odiados, utópicos o escapistas, puramente fantásticos o sólidamente verosímiles.[2] En esta revolución cultural, el nuevo cuento de miedo iniciado por Machen incorporó los misterios paganos de su Gales natal. Hizo revivir cultos horrendos, sacrificios humanos, sátiros y faunos, magia arcaica y ciencia hoy perdida por el hombre. Para Machen, en el saber de los antiguos ancestros se escondía una verdad hoy olvidada y desaparecida, logrando que lo sobrenatural nos fuera más cercano, y no por ello menos numinoso: el horror a lo desconocido.
A partir de ahí, los escritores fantásticos siguieron la senda de Machen y exploraron las nuevas posibilidades abiertas por él. Descubrieron nuevos mundos de caos y horror, retrocedieron a épocas primitivas, prehistóricas, prehumanas, a épocas de oscuridad primigenia, de vagas formas protoplásmicas del despertar del mundo. La arcaica capa geológica como símbolo de un estrato primitivo y salvaje de la mente del hombre. Finalmente, los terrores primitivos vinieron a ocupar el lugar del terror más cercano y más reciente, ése que nos es tan cercano que ya no nos atemoriza.
Así, Bram Stoker revivió en su última novela, La guarida del gusano blanco (1911)[3], a un horrible ser prehistórico que había llegado a nuestros días por un extraño camino evolutivo. Curiosamente, se afirmó de manera errónea que Stoker perteneció a la sociedad secreta llamada Golden Dawn (Amanecer dorado), misma de la que eran parte Arthur Machen y también Yeats. A su vez, Lord Dunsany inventó mundos oníricos de pura evasión, y Algernon Blackwood hizo protagonista de sus relatos al horror numinoso, a la fascinación de la naturaleza virgen. Pero de todos ellos, el que mejor supo expresar la angustia de su tiempo, fue un joven enfermizo: Howard Phillips Lovecraft.
Lovecraft nació en Providence, E.U.A., el 20 de agosto de 1890. Criado prácticamente por su madre neurótica y posesiva, el joven Howard recibió una educación aristocrática bajo la excusa de tener abuelos británicos, por lo que siempre se sintió ajeno al país en el que vivía. Tuvo una niñez ilusa de gente bien venida a menos, y apenas tenía lo suficiente para sobrevivir, lo cual no evitó que Lovecraft se sintiera orgulloso y superior a la demás gente, tal como le enseñó su madre.

De ahí se desprende la xenofobia y el racismo manifiesto que impregna sus textos, los cuales fueron utilizados como materia en la que expresa su aversión a las mezclas, a lo impuro, a lo extraño. Según Eduardo Haro, prologuista de El sepulcro y otros relatos: “en ese mundo de horror, en ese mundo caótico por el que se mueven monstruos que son nuestro prójimos, reconocemos –como en un sueño que se interpretase a sí mismo en claves transparentes- nuestro propio mundo, el terror puede surgir en cualquier momento y lugar, la monstruosidad está latente tras cualquier paisaje; en cualquier persona también. Todos podemos ser monstruos, todo puede ser monstruoso –es decir, ajeno”.
Este concepto de otredad racial y discriminación, fue lo que motivó a Lovecraft a explotar las diferencias físicas como señal de un origen perverso y desconocido, en lo que todo lo que fuera diferente indefectiblemente ocultaba algo siniestro.
En 1917, publicó su primer relato Dagon, en la revista Weird Tales, y en 1921 sucedieron dos hechos definitorios en su vida: la muerte de su madre y su decisión de ganarse la vida como escritor de cuentos de miedo, como crítico, como corrector de estilo, como lo que fuese, con tal de que estuviera relacionado con la escritura.
Así, aunque la mayoría de sus cuentos pasaron desapercibidos para el gran público, hubo quienes se interesaron en ellos y le escribieron al autor. Lovecraft, cuyo siglo predilecto era el XVIII, cultivó de esa manera el arte epistolar y mediante esa correspondencia con escritores conocidos, noveles o aficionados, se fue conformando lo que más tarde llegaría a ser llamado “Círculo de Lovecraft”. Mediante sus cartas hizo amigos, a los que bautizó con nombres extraños que luego incorporaría en sus relatos.
Frank Belknap Long se convirtió en Belknapius, Donald Wandrei en Melmoth, August Derleth en el Conde d’Erlette, Clark Ashton Smith en Klarkash-Ton, Robert Bloch en Bho-Blok, Virgil Finlay en Monstro Ligriv, Robert Howard en Bob-Dos-Pistolas; inclusive él mismo firmaba sus cartas como el sumo sacerdote Ech-Pi-El (transcripción fonética de sus iniciales), o como Abdul Alhazred o Luveh-kerapf.[4]
La amistad postal y multilateral del Círculo de Lovecraft tuvo eco en su producción literaria, ya que no sólo ellos aparecieron en los cuentos de Lovecraft, sino que él igual apareció en sus relatos. A partir de La llamada de Cthulhu (1926), los mitos adquieren su madurez y forma definitiva basada en la colaboración mutua. Los mitos de Cthulhu son una obra colectiva que tendió redes intertextuales[5] en torno a un hombre solitario.

El germen del concepto de intertextualidad lo hallamos en la teoría literaria de Mijail Bajtín, formulada en los años treinta del siglo XX, la cual concibe la novela, en particular las de François Rabelais, Jonathan Swift y Fedor Dostoievski, como polifonías textuales donde resuenan, además de la propia, otras voces. Es decir, como una apropiación y recreación de lenguajes ajenos. Según Bajtín la conciencia es esencialmente dialógica, y la idea, de hecho, no empieza a vivir sino cuando establece relaciones dialógicas esenciales con ideas ajenas. En el caso de la novela, que es el que le ocupa, el escritor sabe que el mundo está saturado de palabras ajenas, en medio de las cuales él se orienta.
Sin embargo, fue Julia Kristeva quien a partir de las intuiciones bajtinianas sobre el dialogismo literario, acuñó en 1967 el término intertextualidad. Para esta autora "todo texto es la absorción o transformación de otro texto".[6] Por otro lado, la opinión generalizada de otros autores es considerar la intertextualidad como la percepción por parte del lector de la relación entre una obra y otras que la preceden, o como en el caso del Círculo de Lovecraft, que se enriquecen entre sí al ser contemporáneas.
Es así como Lovecraft retomó de autores anteriores a él algunos elementos que fue incorporando en la estructura de sus relatos, hasta alcanzar su fase madura con Los mitos de Cthulhu. De Machen integró los cultos de la antigüedad clásica, los afanes arqueológicos, la desintegración de la figura humana en magma amorfo –como en el cuento Vinum Sabbati[7]-, los símbolos resplandecientes y tetradimensionales, las doctrinas esotéricas de ciertas sociedades secretas y el materialismo de explicar lo sobrenatural mediante métodos científicos hoy olvidados.
De él tomó también tres detalles concretos: el arcaico e imaginario lenguaje aklo, los misteriosos Dholes y el gran dios Nodens, señor de los abismos. Así mismo, de Algernon Blackwood tomó la existencia de seres primordiales y la fascinación por la naturaleza virgen personificada en varias divinidades incorpóreas regidas por los elementos –como el caso del Wendigo, leyenda folclórica nativa de los indios norteamericanos-, que más tarde retomó Derleth bajo el nombre de Ithaqua, El que camina en el viento.
También del cuento La casa en el confín de la tierra, de Hodgson, tomó la existencia de larvas espirituales en dimensiones paralelas y de puertas místicas que permiten su acceso, lo que le dio ese toque de horror cósmico tan característico de él. Dichas larvas interestelares aparecen en Los perros de Tíndalos, de Frank Belknap Long.
Como es natural, una de sus grandes influencias fue la figura de Poe, autor que ubicó muchos de sus relatos en la ciudad de Providence o la región de Nueva Inglaterra, al igual que Lovecraft posteriormente, quien extrajo detalles específicos de Las aventuras de Arthur Gordon Pym, como ciertas frases de un dialecto que aparece en esa narración.
Por otro lado, el relato The King in Yellow de R.W. Chambers, produjo una impresión duradera en el joven Lovecraft, ya que la historia gira en torno a un misterioso libro prohibido, cuya lectura produce terror, locura y tragedia. En ese libro maldito, podemos ver claramente un antepasado directo del infame Necronomicón, célebre en la mitología de Cthulhu, por haber sido escrito por el árabe loco Abdul Alhazred.
La lista de elementos que fueron incorporados a los mitos es demasiada larga para ser incorporada en su totalidad en este trabajo, por lo que he enumerado las referencias más importantes. Desde el génesis del Círculo de Lovecraft, sus integrantes aportaron ideas nuevas, lecturas sugeridas, volúmenes místicos imaginarios y añadieron dioses al panteón deificado del ciclo Cthulhu. Por último, Donald Wandrei y Belknap Long contribuyeron a darle un toque de ciencia ficción a Los mitos de Cthulhu, incluyendo la fantasía científica dentro de sus textos.
Como dato curioso, un aspecto que forma parte de los mitos es el de hacer menciones o referirse a culturas ya desaparecidas, por lo que en un par de ellos se remiten precisamente a la civilización maya y al contexto geográfico de Yucatán.
Por ejemplo, en La iglesia de High Street, de J. R. Campbell, el protagonista se topa con unos manuscritos con anotaciones confusas: “El primer montón de cuartillas llevaba el título de Pruebas y Corroboraciones, y no tardé en darme cuenta que ya su primera página era característica. Consistía en una serie de anotaciones breves e inconexas, referentes a la civilización maya de Centroamérica. […] Kukulkán (¿Cthulhu?) Tal era la tónica general de dichas anotaciones. Seguí repasándolas, no obstante, y no tardé en darme cuenta de que no estaban tomadas al azar, sino que todas ellas tenían algo en común.”
Al igual que en el anterior relato, en el de R. E. Howard, La piedra negra, el protagonista encuentra un ancestral y misterioso monolito oscuro, y al verlo realiza la siguiente comparación: “Lo que más llegaba a parecérsele, de todo lo que había visto en mi vida, eran unos toscos garabatos trazados sobre una roca gigantesca, extrañamente simétrica, de un valle perdido del Yucatán.”

Ahora bien, al identificar las principales estructuras e influencias que constituyen los puntales donde se sostienen los mitos, es inevitable preguntarse qué tan originales son los relatos de Lovecraft, sobretodo considerando la inextricable maraña intertextual que conforman sus cuentos.
Sobre este cuestionamiento, debo decir que su valor reside precisamente en la suma de los elementos que integran su obra, en su visión como una totalidad, es decir, en una especie de Gestalt cuya suma estructural da como resultado un contenido y una calidad identificable, ubicando su trabajo como parte fundamental de la literatura fantástica y de terror.
Lovecraft falleció prematuramente en 1937, a los 47 años. August Derleth inició entonces una colaboración más allá de la muerte con su maestro literario, utilizando algunos de sus esbozos y desarrollando las ideas incompletas de Lovecraft en cuentos que acabaron publicados bajo ambos nombres, como es el caso de La hoya de las brujas, o El sello de R´lyeh, este último consistiendo en una continuación al famoso relato La sombra sobre Innsmouth, o el máximo logro de su fecunda colaboración: El que se acecha en el umbral.
También Robert Bloch y Lovecraft colaboraron entre sí, dos años antes de la muerte del segundo. Bloch escribió el cuento El vampiro estelar, que tuvo su segunda parte en El morador de las tinieblas, narración en la cual Lovecraft como homenaje convierte a su amigo en el personaje de Robert Blake, protagonista de la historia. Posteriormente, Bloch escribió una contrarréplica llamada La sombra que huyó del chapitel, cuya trama es interesante debido a la evolución del horror cósmico al terror científico, haciendo una analogía mística entre objetos extraños y la era nuclear, como reflejo del contexto histórico que se estaba viviendo en 1935. Más tarde, el joven Robert Bloch que tenía 17 años en ese entonces se convertiría en el autor de la famosa novela Psicosis que fue llevada exitosamente al cine.
Sin embargo, después de la muerte de Lovecraft el círculo no se disolvió, ya que Wandrei y Derleth fundaron la editorial Arkham House, en honor a una de las ciudades ficticias que apareciera en varios relatos de Los mitos de Cthulhu. A través de dicha editorial, continuaron publicando las obras del resto de los integrantes del Círculo de Lovecraft, así como manuscritos inéditos que fueron recopilados por ellos mismos y que vieran la luz de manera póstuma.

Por lo tanto, la mitología Cthulhu debe ser vista como una obra colectiva, en la que cada uno de los autores aportó sus propios terrores y angustias para conformar el universo ominoso y el horror cósmico donde el caos aparece reptante por entre sus relatos.
Así, el legado de Los mitos de Cthulhu, emuló aquella frase de su principal exponente: “No está muerto lo que yace perpetuamente. Y con el paso de los eones, incluso la muerte misma puede fenecer”.
Bibliografía
· KRISTEVA, Julia: Semiótica 1 y 2. Fundamentos, Madrid, 1969 (Reed. 1995)
· LLOPIS, Rafael : Los mitos de Cthulhu, Lovecraft y otros. Alianza Editorial, España, 1969 (Reed. 2005).
· LOVECRAFT, H.P.: El horror en la literatura. Alianza Editorial, España, 1984.
· LOVECRAFT, H.P: Los mitos de Cthulhu. Editorial Tomo, México, 2003.
· LOVECRAFT, H.P: La búsqueda soñada de la oculta Kadath. Editorial Tomo, México, 2003.
· LUKÁCS, Georg: El asalto a la razón. FCE, México, 1959.
· POE, Edgar Allan: Las aventuras de Arthur Gordon Pym. Editorial Tomo, México, 2002.
[1] LUKÁCS, Georg: El asalto a la razón. FCE, México, 1959.
[2] LLOPIS, Rafael : Los mitos de Cthulhu, Lovecraft y otros. Alianza Editorial, España, 1969.
[3] De esta novela dijo Lovecraft que “arruinaba completamente una idea magnífica por el tratamiento casi infantil de la misma”. LOVECRAFT, H.P.: El horror en la literatura. Alianza Editorial, España, 1984.
[4] Recopilación de nombres que vienen en el prólogo de Luis Rutiaga en la selección de cuentos Los mitos de Cthulhu. LOVECRAFT, H.P: Los mitos de Cthulhu. Editorial Tomo, México, 2003.
[5] El conjunto de relaciones que acercan un texto determinado a otros textos de varia procedencia: del mismo autor o más comúnmente de otros, de la misma época o de épocas anteriores, con una referencia explícita (literal o alusiva u otra) o la apelación a un género, a un arquetipo textual o a una fórmula imprecisa o anónima.
[6] KRISTEVA, Julia: Semiótica 1 y 2. Fundamentos, Madrid, 1969.
[7] Cuyo título original es The White Powder (El polvo blanco). La traducción en español estuvo a cargo de Francisco Torres Oliver.
miércoles, 23 de abril de 2008
This is not a love song


Sigo siendo ése mismo hombre que te escribe, que te lee, que te imagina, que te siente en plenitud. El que te encuentra en el paraíso de la abstracción literaria, el refugio inviolable de la perra vida, del sucio mundo y sus entiznados habitantes que se solazan en su propias excreciones miserables. Ahí, las personas pueden ser seres prístinos, puros y creadores, transformando su alrededor a su antojo, aportando cada uno su contribución a la belleza, al arte.
No seas tan pronta a desechar y desestimar estas cuestiones, no son fantasías ni tonterías de un enamorado o de un idealista romántico. Ése lugar existe: éste cabrón hijo de puta lo ha atisbado en ocasiones. Al final del día, lo mejor que podrá ofrecerte cualquier persona será la llave, la concepción de ese sitio fuera de lo tangible en donde nunca estarás sola, en el que siempre podrás encontrarme reordenando las palabras con cincel y martillo, escribiéndonos un par de tragos para beber mientras diseño un árbol que nos refugie en su sombra, una cajetilla, un encendedor y, si la historia lo amerita, una cama temblorosa por el huracán de nuestros estertores que se aproxima...
Maldita, ¿con quién más habría de compartir eso? La que sigue siendo ésa misma mujer que una noche me maldijo gritando en pleno éxtasis. Sólo para nosotros -un par de locos esperpentos jodidos por la postmodernidad- maldecirnos constituye una muestra de cariño o pasión. Carajo, hace falta uno para comprender al otro. Dirás que me equivoco, no podría esperar menos de ti. Pero no; tienes razón, no te amo. Amor es una palabra muy débil para lo que siento. Te amro, te amoa, te ammo, te mamo, te amao, te omao o algo así.
Puedes creerlo o no, eso no es lo importante. Es algo mío. Me sirve en la vida cotidiana y no se trata de convencerte. No es mi problema. Como dice en El Origen del Amor: "Niégame y serás condenado". O, como diría Annie Hall: "Oh bueno, la-di-da, la-di-da..."
martes, 22 de abril de 2008
Chupingo de Resurrección
10AM. Abro los ojos. ¿Qué diablos pasó ayer? ¿Qué ha pasado en los últimos días? Carajo, ¿qué chingados ha sucedido durante los anteriores 23 años? No lo sé y no quiero ni pensar en ello. La espalda me duele, me encuentro acostado sobre una tabla. A mi alrededor hay tipos tirados en el suelo. Henry se retuerce en posición fetal junto a la mesa. Al lado hay un tipo vomitado y en el piso sus jugos gástricos reposan desagradablemente.
¡Maldición! No tengo ni mi cartera ni mi celular. La tarde anterior los puse en la bolsa de Sory antes de meterme a la piscina.
Sé que durmió también en La Casita pero ahora ya no está, se ha ido. ¿Y ahora qué hago? Me levanto y camino entre la guácara y los ronquidos. Salgo a la calle, mi padre vive no lejos de aquí, del otro lado de la avenida. Me encamino hacia allá."No se encuentra", me dice la muchacha del aseo. Sin embargo, a pesar de no conocerme me deja pasar a robarme una coca cola del refrigerador. Regreso a La Casita, no hay otra opción. Me encuentro con Gato saliendo del trono; me presta su celular. Por suerte, Sory contesta. Se ha replegado en su casa para lamerse las heridas, pero piensa volver al via crucis con mis cosas. Perfecto, a esperar.
Poco a poco los maltrechos apóstoles del mal van despertando. Los primeros en salir a la terraza somos Henry, Gato y yo. Hay mucho calor. Revisamos la nevera y sucede el primer milagro del Chupingo de Resurrección: quedan proverbialmente 3 latas de Tecate. ¡Alabado sea el santísimo!

Cuando suceden ese tipo de cosas en serio me dan ganas de creer en Jebús. O en Buda, Kali, Coahtlicue y Kukulkán; la deidad que me proporcione lo necesario para beber y fumar tiene prometida mi devoción eterna.
Las cervezas pronto se acaban y sucede el segundo milagro del día: aparecen dos botellas de vodka. "Levántate y anda", le dije a Lázaro. Y Lazarillo fue por unas toronjas y un galón de jugo de naranja. También Héctor se levanta sin que nadie se lo pida; Doña Gilda, su madre, continúa en la casa pero está por marcharse, no sin antes poner a todos a recoger el desmadre y al tipo vomitado a lavar su cochinada. Jajajá, ¡bien por ella!
Sory llega después fresca y rozagante como la virgen al pie de la cruz. Su camioneta está hecha un cochinero y pretende que entre trago y trago la lavemos. Ya ni pedo, ¿cómo decirle no a ésa mujer? Gato saca la manguera y los demás nos hacemos pendejos, pero sucede lo inevitable: empieza la guerra con agua. Todos acabamos mojados. Me sentí como en una película gringa de adolescentes mientras jugábamos al carwash.
Yo acabo en la piscina, mi piel aún me arde por la quemazón en la playa. Despabilados por los manguerazos, continuamos esperando la resurreción del bendito. Pero mientras eso pasa, hay que seguir bebiendo. Pronto llega Misty y compañía. Ya con varios apóstoles reunidos, se junta el diezmo para comprar un cartón de caguamas. 12 botellas para media docena de feligreses. Me parece buen promedio, el vodka no durará tanto como el vino en las bodas de Canaán...

Así continúa la tarde. Al crepúsculo Sory decide irse a Tekax a pesar de nuestros ruegos. Yo me acuesto un rato a dormir en la hamaca junto al conbebio. Al rato toda la cofradía ha disminuido. Es hora de marcharse. Gato tiene trabajo en el centro, así que decidimos irnos con él. En el trayecto el vomitado y Henry se bajan. Seguimos tomando en el auto, nos trajimos un par de caguamas sobrantes.
Al llegar al centro de la ciudad, antes de despedirse Gato propone que lo espere para continuar embriagándonos en algún sitio. Le digo que me quedaré por ahí a beber una cerveza mientras sale, ya que pensándolo bien he decidido ir al Mayan Pub a ver si de casualidad hay algo digno de verse y beberse. No sé porque somos unos hijos de nadie que nunca queremos regresar a casa.
No obstante, el bar se encuentra muerto como era de suponerse. Es una señal divina, ya se acabaron los milagros. Ya es hora de partir al hogar. Camino ebrio por las calles nocturnas de mi ciudad, fumando y delirando con música que mana de mis audífonos. Verdadera música celestial. Al fin se ha acabado la Semana Santa y un largo weekend de 4 días. Cuando caigo sobre la superficie de mi cama, con una sonrisa me duermo como niño dios en pascua...
miércoles, 2 de abril de 2008
Mamábado de Gloria

Perdonen mi exceso de puntuación, pero para este momento percibo el panorama como en escenas de películas. Escribo el guión de mi pasado y las secuencias como las vi ese día. Es un plano abierto y desenfocado...



Bebo lo que sea que me den, un trago por aquí, cerveza por allá, un cigarro acullá. Ya no siento nada, me da igual. Tengo el Síndrome del Hombre Congelado de Bukowski. Por eso me gusta ese cabrón, dio en el clavo de mi existencia.domingo, 30 de marzo de 2008
Bebiernes Santo

10AM. Abro los ojos. Puta, sigo en casa de Sory. Ella y Naty duermen aún. A las 9 debía estar en el desayuno anual del Por Esto! al que me habían invitado, el plan era ir con Sory. Ya ni pedo, será el próximo año. Me lamento en silencio.
Me la estoy pelando, así que decido hacer algo útil y comienzo a limpiar el tiradero de la noche anterior. Lavo trastes, recojo basura y barro el suelo. Alrededor de las 12 Sory baja y me encuentra todavía con la escoba en la mano. Se maravilla de encontrar la casa limpia y a mí tan industrioso. Naty se sorprende, y agrega que era mi deber. Jajaja. Nunca cambia su carácter.
Mientras hacen el desayuno-almuerzo, decidimos irnos a acampar a la playa. Pero Naty, su hermanita, prefiere irse a Playa del Carmen, donde ella vive y trabaja. Se marcha.
Sory y yo nos disponemos a ir cuando Héctor decide unirse. Tendremos que pasar por su casa a recogerlo y luego a la mía, necesito mis cosas y saquear un poco de latería y un vino. Ya estamos en camino con el primer six de chelas y el soundtrack de la película de la noche anterior sonando en el estéreo del auto. Llegamos a Chelem y hacemos una parada técnica en mi casa del puerto para alimentarnos, mi familia está ahí. Después, cuando ya ha oscurecido un poco arribamos a Ixtul, el sitio elegido para acampar. Se encuentra después de Chunurná, cerca de los arenales.

Todo está desierto. Con no poco trabajo armamos la casa de campaña envueltos en la potente brisa marítima y la oscuridad de la noche. Lo logramos. Continúa la bebedera.
De pronto, a pesar de las velas, la luna llena aparece y logra iluminar toda la playa y deja ver nuestros rostros decadentes y grisáceos. Platicamos chido y orinamos en la arena. Perdonen mi descaro, pero qué hermoso es orinar desde un montículo de arena blanca, con el viento en el cabello, mirando el horizonte, las estrellas y la luna, totalmente en paz y serenidad. Son de esas meadas para el recuerdo...
Después de exorcizar un rato a nuestros demonios, Sory decide irse a dormir a las 2AM. La comprendo, no para todos es el insomnio etílico. Héctor y yo aprovechamos para tener una charla de caballeros que habíamos postergado. Nuestra amistad se refrenda porque nos ha aquejado la misma cruz en tiempos distintos pero no lejanos. Se puede platicar y beber chido con él y viceversa, ambos lo sabemos. Deberíamos hacerlo más seguido. Sólo un diálogo de hombre a hombre, de homo vinis a homo vinis.
Nos amanece con el corazón en la mano y la botella en la boca. Comenzamos a tomar puros secos ya para irnos a dormir contentos. Sory duerme profundamente y un menage a trois me cruza como una ráfaga en la cabeza. Pero nahhh. Mejor dormimos, que a esa mujer ni dos cabrones la levantan una vez que se acuesta. Para variar, ser un titán me perjudica: acabo durmiendo con mis pies afuera de la casa de campaña.
11AM. Sory nos despierta para ir por unas caguamas para desayunar. Luz, demasiada luz. Mis ojos color caribe no la soportan. Ya con lentes y medio pedo, me encaramo con ella en la camioneta para ir por las chelas. Condenada, se ve muy bien en bikini. Arranca y mientras retrocedemos decide girar ahí mismo y la llanta se hunde en la arena. Puta madre. Sedientos y desvelados bajo el sol del mediodía, Héctor y yo comenzamos a cavar...
Después de dos horas y un poco de ayuda logramos salir. Héctor se queda asando las hamburguesas en la parrilla. El plan prosigue según lo acordado. Regresamos con las chelas y listos para un chapuzón. Héctor se niega a pesar de tener dos días sin bañarse. Como sea, el se lo pierde. De antemano sé que ese baño en el mar es el remedio ideal para sentirnos como nuevos y seguir la fiesta. Así es. Sory y yo bebemos en el mar, la caguama nos sirve de flotador. Se siente tan a toda madre, que acabo saliendo del agua para hacerme de unos cigarros. El porro que nos fumamos antes me pone alegre. Eso es todo, pacheco, asoleado, en el agua con una mujer guapa bebiendo y fumando a nuestras anchas. Eso es vida y no pendejadas.
Salimos, comemos las hamburguesas, recojemos el campamento de prisa y nos dirigimos de nuevo a Mérida: Misty, la hermanita de Héctor, cumple años y la bacanal se encuentra dispuesta a recibirnos en cuanto lleguemos.

De nuevo ebrio, cansado, lleno de arena pero con cigarros y unas latas de cerveza bajo las piernas. Héctor se duerme en el asiento trasero y Sory conduce media peda y todavía en bikini. Si he de morir que sea en compañía de semejantes amistades. La vida es buena conmigo, me ama, a pesar de que a veces coqueteo con la muerte...
martes, 25 de marzo de 2008
Juebebes Santo

Para hoy fui convocado a un tour cantinesco, una especie de via crucis no en busca de la espiritualidad, sino de bebidas espirituosas. Antes de acudir a la cita, al mediodía tuve un compromiso en el Centro de Artes Visuales, para charlar y entrevistar a un par de fotógrafas de La Esmeralda (Escuela Nacional de Escultura, Pintura y Grabado). Al finalizar, me fumé un cigarro con ellas mientras les preguntaba si sabían de diplomados o maestrías en literatura en las diversas escuelas de Chilangolandia.
1PM. ¡Ya es la hora! El sitio elegido para honrar los días de guardar es El Gallito, justo a la vuelta del CAV. Genial, de vez en cuando tengo la suerte de aparentar ser puntual. Cuando entro a través de sus puertas de abanico, veo que Raúl espera solo con una cerveza. Lo saludo y a los 5 minutos llega José, el artífice de la irreverencia para con la semana santa. Al sentarse nos dice que Agustín no va a llegar.
Mmmta. Le marcan al celular y logran sonsacarlo. Ya está en camino. Por otro lado, Jorge llegará tarde, cuando salga del trabajo. Entretanto le timbro a Sory para saber si siempre sí va a acudir a la cita. No contesta la condenada y tampoco Rox a la que ya le he enviado un mensaje con nuestra ubicación.
Poco después ya están Agustín y Jorge. Al parecer hoy será tarde de caballeros. Los 5 charlamos sobre literatura, políticas culturales, proyectos a futuro y eventos próximos. Al parecer la Red Literaria del Sureste que conformamos tendrá un año lleno de actividades. (http://www.redliterariadelsureste.blogspot.com/)
Las botanas y los tragos van variando en cantidad e intensidad respectivamente. Hoy decidí no tomar cerveza, hay que cuidar la línea. Mi dieta del día consiste en puro ron Castillo, pintado, con mucha tinta por favor. Qué bien se siente no empanzarse, me ayuda a manejar mejor la comida deglutida a lo largo de la tarde. Unos cacahuatitos plis.
Poco a poco nos dejamos de mamadas para seguirnos mamando. Ahora se habla sobre deportes y chacoteamos sobre la vida de algunos personajes y conocidos del entorno yucateco (los hombres no chismean, chacotean). Afuera ya va oscureciendo. Qué rápido pasó el tiempo, y yo que creí que sólo nos tomaríamos unos cuantos tragos. Me dio gusto saber que la cosa sí iba en serio. Otro pintadito plis.
Como que los ánimos comienzan a decaer y José empieza a bostezar. Raúl nos acompaña pero ha dejado de beber. Agustín ya se ha marchado. Me empiezo a preocupar un poco, ya ando picado y se me hace que se van a rajar. Sin embargo, Jorge no me decepciona. También tiene intenciones serias. En verdad es el tipo más serio que conozco, todo un ejemplo, lo que sea que haga lo hace bien. Ya sea leer, escribir, trabajar, investigar o empedarse (así quiero ser de grande).
"Cómo que ya te vas José, ¿pos no tú nos convocaste al tour de las cantinas? Ándale, bebe otra copa, por haberle parado ya te entró la hueva". Lo comprendo, a mí siempre me pasa lo mismo. Por eso no dejo de beber, porque entonces me entra la dormilona o se me corta la peda y así ya se jode la cosa. ¡Y la cosa no se puede joder!
Total, que pedimos la última del Gallito. Pero Jorge de buen talante nos hace una oferta que no podemos rehusar: "Vamos al Lucero del Alba o a La Taberna, yo doy una tanda". ¡Eso maestro, así se hace! Era el impulso que necesitábamos como excusa para continuar la peda. Caminamos hacia ahí, ya es de noche en Mamérida la blanca. Lo más granado de la intelectualidad yucateca zigzaguea por el parque de Santa Ana. Qué bonito, qué bonito.
Llegamos al Lucero del Alba, que por suerte sigue abierto. Pedimos la primera ronda y nos llegan unos ricos tacos de relleno negro, flautas, papadzules y otras deliciosas viandas. Es hora de la cena y de enderezarnos con algo en el estómago. En eso, recibo un mensaje de mi padre que ya se dirigía al Gallito para curarse la soledad. Le digo que estamos en el Lucero, pero cuando entra como quien no quiere la cosa se dispone a sentarse en la barra. Con la mano le hago señas para que venga con nosotros. Tal vez al ver a puro señor se cohibió, porque a veces cuando me alcanza en algún lugar me encuentro con amigos de mi edad y esta vez fue la excepción. Sólo Raúl es un jovenazo como yo, José y Jorge tienen de cuarenta años para arriba.
Mi padre también da su tanda, así que la última copa se prolonga un par de veces más. Finalmente, el mesero se nos acerca y nos dice que ya va a cerrar. Satisfechos por haberle ganado al horario, nos despedimos en la puerta del Lucero.
Pero mi jueves aún no termina, Sory me ha llamado para ir a ver una película a su casa: 2001, Odisea en el espacio (Kubrick). Le digo que sí sin pensarlo. Ella no lo sabe, pero un par de días antes falleció Arthur C. Clarke, el autor del cuento The Sentinel en el cual se basó el guión de la película. En fin, decido lanzarme a su casa para terminar de emborracharme viendo buen cine.Al llegar a casa de Sory, me di un duchazo, fumamos un porro y fuimos por el trago, otro Ron Castillo para no variar la ingesta del día. Al parecer iba más gente a "ver" la película, pero ¡oh contrariedad!, en el Blockbuster no tienen 2001 Odisea en el espacio. Maldición. Ni modo, pero en su casa hay un buen de películas suyas, mías y de otros. Nos pusimos a conectar el cañón y mover su sofá para emular el cine.
La película elegida fue Hedwig and the angry inch (John Cameron Mitchell), genial musical de rock que a través de mí lo conocieron Torte y Gato una noche en que estábamos pedos y los convencí de ir a verla al Cineclub Goya. Paulatinamente se volvió del gusto de toda la banda en general, por lo que en unos meses todos la vieron y todos bajaron el soundtrack y todos se saben las canciones y todos quieren ser transgénero...
La cuestión es que después de verla llegaron más contertulios con sus respectivas dotes, por lo que la peda continuó apoyada audiovisualmente por videos de You Tube y fragmentos de películas. En determinado momento todas las mujeres se pusieron a bailar con la música de The Rocky Horror Picture Show: "I´m a sweet transvesti, from transexual, Transilvaniaaaaaaaa". Creo que tenemos una parafilia cinematográfica consistente en iconizar las sexualidades más diversas y flamboyantes (o sencillamente nos gusta loquear).
Debo admitir que también canté esa rola, aunque cuando siguieron bailando bajo las instrucciones de Time Warp definitivamente me rendí y seguí bebiendo con los machos presentes -eso sí, tomé fotos a las retaguardias danzantes de las chicas que gustosas posaron-. Mas o menos así siguió la noche, hasta que todo se fue consumiendo y el amanecer llegó. De nuevo me encontraba atrapado, ebrio, cansado y sin cigarros...
